1. Mentalidad de crecimiento a toda costa
Cuando los mercados de capitales prosperaban, las empresas competían por ganar cuota de mercado. Aunque era una buena estrategia en ese momento, solo es posible cuando hay un amplio acceso a la liquidez.
En realidad, este enfoque consiste en adquirir cada vez más clientes nuevos, invirtiendo en anuncios digitales, pero sin centrarse en la retención, que es donde hay que centrarse para un crecimiento sostenible a largo plazo.
Sin embargo, cuando las cosas se agotan, algunas empresas tardan demasiado en cambiar de marcha. Por lo tanto, no son lo suficientemente rápidas para hacer frente al cambio y tienen dificultades para seguir operando.
2. Acumulación de deuda
A veces, cuando el flujo de caja empieza a ser escaso, algunas empresas contraen deudas a corto plazo con varios proveedores. Asumen que solo lo necesitan debido a un problema de flujo de caja, en lugar de algo más serio.
Entonces, por desgracia, la demanda de los productos no se recupera lo suficientemente rápido, lo que los deja en una situación más difícil debido a los pagos añadidos.
3. Alto riesgo de concentración
Depender en gran medida de un solo producto, un solo proveedor o un solo minorista aumenta significativamente el riesgo de fracaso. Por ejemplo, cuando se produce una retirada importante de productos, no todas las empresas están preparadas para gestionarla.
La lección aquí es no poner todos los huevos en la misma cesta. Diversifica tu cadena de suministro, tu combinación de ingresos y tus productos siempre que sea posible.